BIOTECNOLOGÍA AGRÍCOLA Y SUS MITOS

Por: Gremiagro

Cada vez que algunas personas oyen hablar de biotecnología sienten que algo “no anda bien”. Y esto se debe a que es probable que el entorno y la desinformación hayan contribuido a crear una resistencia frente al tema. 

En primer lugar, hay que entender que la biotecnología es –sencillamente– la utilización o manipulación de organismos vivos, o sus compuestos o partes, para la obtención de productos de valor para los seres humanos, algo que se ha hecho desde hace mucho tiempo, como, por ejemplo, en los procesos para la elaboración de la cerveza o el queso, donde se han empleado técnicas que podríamos denominar como de biotecnología.

Los primeros experimentos de la biotecnología moderna apuntaron al empleo de microorganismos como bacterias y hongos, pero posteriormente se utilizaron plantas y más recientemente animales. 

Hoy, la biotecnología moderna emplea organismos modificados genéticamente (OMG), denominados también como Organismos Vivos Modificados (OVM) para obtener beneficios aún mayores, y se utiliza en el área médica, industrial y agrícola.

A continuación, se presentan los principales mitos vinculados con la biotecnología agrícola y los cultivos transgénicos.

 

PRODUCTIVIDAD:

SE DICE:  La producción de cultivos transgénicos (OVM) no es mayor que los convencionales.

REALIDAD: NO. 

Numerosos estudios internacionales han demostrado que la productividad de los cultivos OVM es mayor. Hablando con cualquiera de los más de 17 millones de agricultores que sembraron semillas OVM en 2017, su opinión es unánime, las mayores producciones, la mejor calidad y los menores costes de cultivo compensan el precio superior de la semilla. Es decir, les salen las cuentas. Por algo el mercado de semillas OVM es el área de mayor crecimiento en el sector de las semillas comerciales.

 

COEXISTENCIA:

SE DICE:  Existen casos de polinización cruzada entre semillas OVM y convencionales u orgánicos que hayan perjudicado a los agricultores.

REALIDAD: NO. 

Aunque haya habido algunos casos de polinización cruzada, son la excepción y no la norma. La experiencia mundial demuestra que tanto los cultivos orgánicos como los transgénicos pueden desarrollarse en el mismo lugar.

En primer lugar, es necesario recordar que diferentes cultivos coexisten unos con otros desde hace siglos, y siempre han existido trazas o cantidades insignificantes de un tipo de cultivo dentro de otros. 

Es importante que existan sistemas adecuados de control que garanticen la coexistencia, tanto para la agricultura con cultivos transgénicos, como para la convencional y la orgánica.

El mayor y más detallado estudio independiente llevado a cabo sobre coexistencia de cultivos transgénicos, convencionales y orgánicos en EE.UU. (Brookes & Barfoot, 2004) concluyó que no se han observado problemas económicos o comerciales significativos en ninguno de los tres sectores.

Un reciente estudio asegura que la coexistencia de cultivos biotecnológicos y no biotecnológicos es viable en la práctica, tanto a nivel de la explotación agraria como a lo largo de la cadena de suministro de alimentos y forrajes.

 

RIQUEZA Y MONOPOLIO:

SE DICE:  Las grandes compañías biotecnológicas son las únicas beneficiarias de la tecnología OVM.

REALIDAD: NO.

El agricultor es el principal beneficiario de las tecnologías OVM. Entre los agricultores y los consumidores se reparten dos tercios de los beneficios de los cultivos OVM, mientras que el otro tercio es para los creadores y suministradores de la semilla. Los agricultores obtienen un beneficio directo gracias al aumento de la producción y al menor uso de plaguicidas. Los consumidores consiguen también una ventaja económica, por los precios más bajos. 

Si los agricultores no se beneficiasen de esta tecnología, ¿por qué se mantiene una apuesta creciente a nivel global por estas variedades desde 1996? No hay mejor dato que la experiencia de éxito de los agricultores, que vuelven a sembrar las semillas OVM año tras año. Es la tecnología agraria con el índice de adopción más rápido de la historia: se ha pasado de 1,7 millones de hectáreas en 1996 a 191,7 millones de hectáreas en 2018.

Con respecto al monopolio, hay que dejar claro que la investigación en biotecnología agrícola no es un área exclusiva de las grandes empresas transnacionales. Alrededor del mundo, científicos de diferentes universidades y centros de investigación trabajan en el desarrollo de este tipo de cultivos: Canadá, Cuba, Brasil, Bangladesh, China e Indonesia han desarrollado variedades que ya han sido aprobadas; España, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Chile, Argentina, Reino Unido, Nigeria, Uganda, Kenia, Sudáfrica, Filipinas y Australia se encuentran desarrollando nuevas variedades que aún están en proceso de investigación o comercialización. 

 

DEPENDENCIA:

SE DICE:  Los agricultores tienen que comprar las semillas cada año y se ven obligados a comprar determinados herbicidas.

REALIDAD: NO.

El agricultor es libre cada año de volver a sembrar una semilla transgénica u otra no transgénica. En cuanto a que los agricultores no vuelven a sembrar el grano obtenido es totalmente cierto, pero esto no es algo específico de las semillas biotecnológicas, pasa con todas las semillas mejoradas. La siembra del grano cosechado implica una disminución en el rendimiento de la cosecha, por eso los agricultores compran las semillas cada año, ya sea para un cultivo transgénico, convencional o ecológico.

También se afirma equivocadamente que los agricultores dependen de los herbicidas de las empresas de semillas OVM. Las empresas que han sacado al mercado las semillas resistentes a herbicidas también comercializan ese herbicida, pero este herbicida como ingrediente activo lo comercializan muchas más empresas. El agricultor puede utilizar cualquier semilla y cualquier herbicida. Es similar a lo que ocurre con los fabricantes de vehículos que desarrollan y venden sus propios repuestos, comprarlos de la misma marca o de otra diferente es decisión del consumidor.

 

SALUD:

SE DICE: Los alimentos transgénicos son perjudiciales para la salud.

REALIDAD: NO.  

Los alimentos derivados de los cultivos transgénicos se han convertido en los alimentos más evaluados y estudiados de la historia de la humanidad y son sometidos a rigurosos análisis y extensos estudios que determinan su seguridad. Los alimentos transgénicos son los únicos, dentro del ámbito de la alimentación, en los que la salida al mercado se condiciona a una autorización sanitaria previa, análoga a la que se lleva a cabo con los medicamentos. Tras 19 años de cultivo en todo el mundo no se ha demostrado ningún efecto negativo sobre la salud humana como resultado de su consumo.

Hay que tomar en cuenta que la mayor parte de lo que se consume no es el producto cosechado en sí, más bien sus subproductos (azúcar, aceites de soya, lecitina de soya, jarabe de maíz, etc.), los cuales no contienen genes. Es decir, no existen diferencias entre un subproducto proveniente de un cultivo transgénico y de aquellos derivados de cultivos convencionales no transgénicos. Después de más de 20 años de producción masiva a nivel global, no existe NINGUN caso ni evidencia científica que demuestre efectos adversos de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados.

 

NOVEDAD:

SE DICE: La biotecnología, la ingeniería genética y los organismos transgénicos son algo nuevo.

REALIDAD: NO. 

Los organismos transgénicos han sido utilizados ampliamente y desde hace varios años en sectores como la medicina, la industria de alimentos, el rubro textil, la elaboración de billetes, la producción de detergentes, entre otros, y nunca se ha dudado de su inocuidad y sus beneficios.

En la actualidad, en el área médica se utilizan una serie de proteínas provenientes de organismos transgénicos (llamadas proteínas recombinantes) para el tratamiento de distintas enfermedades. Por ejemplo, la diabetes es tratada con insulina humana producida por bacterias transgénicas, permitiendo tratar esta enfermedad a bajo costo. Entre otras enfermedades tratadas con proteínas recombinantes están la hemofilia, infarto del miocardio, trombosis, osteoporosis, hipoglucemia, anemia, cáncer de tiroides y riñón, acromegalia, síndrome de Turner, hepatitis, esclerosis, etc.

Por otro lado, algunas enzimas y aditivos utilizados en el procesamiento de alimentos se obtienen desde hace años a partir de organismos transgénicos, por ejemplo, en la producción de quesos, producción de jarabes, industria cervecera, clarificación de jugos concentrados, fabricación de concentrados de aceites de pescado, etc.

En la parte industrial, en relación a los detergentes y jabones, hoy podemos lavar mejor nuestra ropa en agua fría gracias a los organismos transgénicos. En esta industria se utilizan enzimas provenientes de organismos transgénicos para quitar las manchas a bajas temperaturas.

En la parte agrícola, la biotecnología es hoy una de las herramientas fundamentales para el mejoramiento de los cultivos vegetales. Se estima que los alimentos provenientes de cultivos transgénicos, se encuentran en más del 60% de los alimentos elaborados disponibles en los supermercados. Para el 2010, el 81% de la producción de soya, el 29% de maíz, el 23% de canola y el 64% de algodón, fue de naturaleza transgénica. Otros cultivos transgénicos que están disponibles comercialmente son alfalfa, remolacha, papaya, zucchini, berenjena, papa, manzana.

 

ALERGIAS

SE DICE: Los alimentos transgénicos causan alergia.

REALIDAD: NO. 

No existe ninguna prueba formalmente comprobada que los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados, aprobados por las autoridades pertinentes y disponibles comercialmente, produzcan alergias.

Los alimentos transgénicos no deben causar más alergia que la que puede producir la planta original de la que procede. La introducción de un nuevo gen o genes en una planta, mediante hibridación o mediante ingeniería genética, no supone necesariamente que la nueva planta tenga que producir alergia. De hecho, una planta transgénica generada mediante ingeniería genética tiene menos posibilidades de producir alergia que una nueva planta producida por métodos convencionales de hibridación. Esto se debe a que el número de proteínas nuevas producidas como consecuencia de esta modificación genética es mucho menor; de hecho, en algunos casos se introduce una sola proteína. Si el consumidor no es alérgico a los productos derivados de una planta tradicional, es altamente improbable que sea alérgico a los productos o derivados de la misma planta, pero que ha sido modificada genéticamente. 

 

MEDIOAMBIENTE

SE DICE: Los cultivos transgénicos no aportan ventajas medioambientales.

REALIDAD: NO. 

La biotecnología es un elemento clave para el desarrollo de la agricultura sustentable. Entre las ventajas de la biotecnología se incluyen:

  • • Una notable reducción en la aplicación de plaguicidas en comparación a la agricultura convencional.
  • • Reducción de la erosión y retención de agua del suelo, reduciendo o eliminando el arado.
  • • Reducción de la emisión de gases de efecto invernadero (CO2), por el ahorro de combustibles fósiles, y por el empleo de mínima o cero labranzas.
  • • Conservación de la biodiversidad. Debido a que los cultivos transgénicos economizan suelo y permiten aumentar la productividad de las tierras de cultivo, previniendo la deforestación y protegiendo la biodiversidad y refugios animales.

 

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